Como si una punta del cordel abriera surcos en la espalda, mientras la otra punta del cordel enlaza el pulmón... así vuelven a surgir los automatismos a erradicar.
Te pensabas ya a salvo, Amelie Fatale, y no habías hechó más que torcer la cara...
Vuelve a mirarte, dubitativa, en falso equilibrio entre la aceptación y la destrucción; entre la corriente y la firme roca, a punto de caer y despedazarte ante lo que no sabes si nombrar facilidad o valentía.
Lo que no te mate...
¿Más fuerte o más dura? No quisiera dejar de fluir.
Pero fluir es...
No, quizás sea automatismo, quizás la perpetua ficción incompleta, que se va filtrando, entrelazando, encadenándome a...
Dulces sueños
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