Respira... la ventana está abierta...
Se acabó la dialéctica... Respira...
Caíste bajo; sí: aceptaste las certezas. Ahora a la cobardía se le llama pragmatismo. No eres más que otro puntito entre este atajo de hipócritas. ¿Dónde quedaron todas las reflexiones? ¿De qué te sirvieron? te has conformado con el bienestar, pero... ¿y la Verdad? ¡Has cerrado los ojos, maldita! Te has acomodado como toda una prostituta. Mírate. Das vergüenza, das asco. Oye ese tono rastrero, suavecito e hipócrita que...
Tsssst. ¡Calla! Estoy tratando de escuchar la vida; estoy construyendo nuevas vías... ¿No querías erradicar el intelecto?
Estás enferma de teleología, jodida zorra. Te arrastras ante los placeres comunes. No eres más que eso: común, vulgo. El pálpito, ¿recuerdas? En el pálpito se hallaba el sentido del acto.
El pálpito por sí sólo no basta... debe expandir su eco por lo palpable... Eras tú la que me alejaba de lo pal...
¿Cómo puedes hablar de palpar si has perdido todo sentido del tacto, si ya no haces distinción de una seda y un saco de arpillera?
Te equivocas: tú eres la que no sabría distinguir más allá de lo que imagi...
Cobarde, vendida. Me has traicionado. Prosigue tu camino. Sólo espero que llegue el día en que, al mirarte al espejo, lo quiebres de un manotazo para, con un fragmentito, cortarte tus infestadas venas.
De acuerdo. Y, ahora, calla para siempre.
sábado, 17 de enero de 2009
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