Mañana, cuando te levantes, haz lo siguiente: toma el espejo y una tiza y traza las facciones que veas, con cuidado, sin deformarlas ni caricaturizarlas cual pintor miope. No olvides incluir el destelleo de tus ojos, ni la firmeza de tus labios.
Cuando termines, escribe debajo: Retrato de Amelie Fatale, mujer fuerte, inteligente y orgullosa.
Después toma un puñado de vulgar lodo y moldea una figura masculina, raquítica y encorvada bajo todo su miedo y escribe en sus pies: Rastrero cobardica.
La próxima vez que se te ocurra saludarle, recuerda estos dos retratos y contente: demasiado digna para, siquiera, un leve gesto de cabeza.
domingo, 22 de marzo de 2009
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